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Día 11. El perezoso con insomnio de Glendale

Mayo 2, 2017

Por @fercaballero

Hoy me toca escribirles a mí, del cómo viví el onceavo día de nuestro viaje, tal y como fue.

Me desperté con el peor humor de la historia. Mi segunda noche sin dormir.

Una noche antes me tocó dormir en un sofá cama del estilo bloque de cemento, que tenía como una división en medio y te partía la espalda en dos. Omar se ofreció a cambiarme de cama, lo cual le agradezco infinitamente, pero le faltó decirme cuál era el desperfecto de la otra habitación: Los ronquidos de Manu.

En mi segunda noche sin dormir, mi enojo era fuerte. La gente que me conoce sabe que soy una especie de prima lejana de un oso perezoso: dormir es mi prioridad número uno. Real.

Entonces, me acuesto en mi cama nueva, y empiezo a sentir un calor infernal – como un viento en extremo caliente soplándome en la cara. El calentador de la casa estaba justo arriba de mi cama, la ex cama de Omar. Ya todos estaban dormidos y me la pasé una buena media hora de un lado para otro buscando dónde se apagaba la calefacción. Me dí por vencida (al día siguiente Arturo muerto de risa me enseñó dónde estaba el apagador y solo voy a decir que estaba exageradamente cerca de mí).

Vuelvo a tratar de dormir. Manu roncando fuerte, le aviento el cuarto almohadazo y él, inmutado. El reloj de pared de la cabaña haciendo un tic-tac cual Big Ben y yo ingeniándomelas para no solo quitarle las baterías, si no también quitarle las ganas de vivir. Pobre reloj, amaneció destrozado en el piso. Esto también, real.

Manu ronca, todavía mas fuerte (a este punto, ya eran las 4 am; nos íbamos a levantar a las 7am)

Mi cabeza:

– ¿Qué haces aquí? podrías estar durmiendo delicioso en tu cama ¿para qué te metes a estos proyectos? Podrías estar en la playa ¿para qué? Mañana no vas a ir a la montaña, mañana la vas a hacer de pedo por todo, mañana que se vayan todos a Bryce todo el día, tú te quedas. Fin del comunicado.

Amanecí con esta decisión ya hecha en la cabeza. Yo tan ojeras hasta el piso y cansancio extremo, todos tan “buenos días”.

A este punto, a este día (un poco más de la mitad del viaje) y sin dormir bien, ya los odiaba a todos.

Les digo que dormir para mí es increíblemente importante. Sin descanso paso de ser una persona amante de la vida con eterna sonrisa en la cara, energía y ánimo de más, a un horrendo ogro.

Bajo las escaleras con fuerza de más en cada paso (como para que vean que estoy enojada y haciendo berrinche) decidida a decir “no voy”, cuando Arturo, el “papá” del grupo, me voltea a ver,

– Ya puse café, ¿quieres uno?

La vida cambió.

Tienen que saber que soy en extremo volátil, mis emociones van de blanco a negro en dos segundos. Siempre. Mi estado de ánimo, mis emociones y decisiones tienen la capacidad de ser completamente opuestas de un segundo al otro. Soy de esas personas que o amas con locura, u odias con locura. Nada de intermedios.

Me siento a tomar mi café con Fox, contándole mi drama nocturno y viendo a Manu con rencor de más, y Fox se muere de risa.

– jajaja, pobre de ti. Oigan apúrense nos vamos en 15 min.

(Esos 15 minutos obvio se hicieron como 40, porque no somos un grupo taaan organizado, ni modo).

Mi parte menos colérica:

– ¿Cómo no vas a ir? ¿Neta te lo vas a perder por estar cansada y porque Manu roncó toda la noche? ¿neta?

Mi cabeza:

– Que no vas, ya habíamos quedado. Punto.

Otra parte mía, ya ni se cuál,

  ¡Ay ya dramática, bájale, que oso!

(Así me la paso, todo el tiempo: unas 9 Fernandas adentro de 1).

Me levanto, me meto a la regadera y me arreglo rapidísimo.

Pues sí fui. Obvio.

Ya en la van camino a Bryce Canyon, vestida completamente para una mañana de duro hiking y honestamente muy emocionada por hacerlo, pero con un dolor de cabeza semi fuerte, otra vez mi cabeza:

  • Ojalá esté cerrado.

¿Como tipo por qué estaría cerrado? ¿Se dan cuenta cómo siempre somos nuestro PEOR enemigo?

@imjustafox

Para no hacerles el cuento largo, fue para mi, de los mejores días del viaje hasta ahora. Llegamos, nos bajamos de la van y empezamos el hike. El primer contacto con el Cañón es impactante – todos en silencio sin saber qué decir ante la belleza.

@fercaballero/@rebecoisse

Grito fuerte para ver hasta dónde llega mi voz. Arturo me voltea a ver con cara de “completamente innecesario”.

Me muero de risa, carcajadas de loca. Y ya, soy yo otra vez.

El hike empieza arriba del cañón, la bajada es fácil, deleite para todos los sentidos. La subida de regreso, no tanto.

@fercaballero

Formaciones de piedra como de otro planeta. A ratos me tenía que recordar a mí misma donde estaba. Un lugar de verdad increíble.

Todos inspiradísimos tomando fotos, o bueno, más bien tratando de tomar fotos que le hicieran justicia al lugar.

Mayra y Arturo derrochando amor se adelantan; Omar y Manu en su especie de competencia rara por tomar las mejores fotos/bromance en el segundo mini grupo; yo abrazando árboles, cantando, llorando y gritando (todo al mismo tiempo) en el tercero; y Rebe hasta el final, caminando lento con sus botas vaqueras cero adecuadas para el hike, pero increíbles para el look vaquero.

@rebecoisse/@manumanuti

Un lugar al que ninguna foto, palabra o video le puede rendir lo suficiente. Llegamos al fondo después de como 1 hora y media y decidimos no tan unánimemente empezar el regreso, el cual estaba bastante pesado.

@fercaballero

@mayracareno/@rood_omar

Decidí separarme un poco del grupo por dos razones: uno, poder absorber a fondo el lugar sin distracción alguna; dos, ir un poco más rápido y hacer un buen cardio para contrarrestar lo mal que hemos comido.

Agarré muy buen ritmo y ese hike fue una belleza. Empezó a ponerse cada vez más fuerte, audífonos en los oídos escuchando reggae (que Arturo tiene totalmente castigado en la van) y aire puro llenando mis pulmones.

@imjustafox

@manumanuti/@rood_omar

Cada paso, un respiro nuevo.Mi cabeza, ya de buenas:

– Que belleza de lugar, y tu que no querías venir.

La música cada vez mejor, voy todavía más rápido. Otro paso:

– Qué afortunada eres. ¿Lo puedes sentir, de verdad?

Cada paso llenándome de vida, sintiendo la fuerza de mis piernas.

Entendiendo todo lo que han caminado, lo que he caminado.

@manumanuti

Otro paso:

– Qué belleza de personas te tocaron para este viaje, qué regalo.

Aquí me quité los audífonos, me senté a meditar en un árbol que me llamó la atención desde el inicio del hike, y los esperé para hacer el último tramito juntos e ir a comer.

Meditando:

– Qué belleza este lugar, que belleza este momento, que belleza esta gente que ahorita va a llegar”.

No les he dicho, pero sus caminos ya marcaron el mío.

Y en eso, como 20 minutos después los veo, extremadamente “bofeados”.

@mayracarreno/@manumanuti

Primero Rebe, con todo y su outfit inestable, qué poder; luego Arturo y Mayra, con los pulmones afuera pero agarrados de la mano. (lloro por dentro); a lo último Manu y Omar, atacados de la risa y empapados en sudor, pero buscando hasta la última foto.

No me contengo, grito:

– ¡QUÉ BELLEZA TODO! ¡Qué increíble hike! ¡Qué bueno que venimos!”. Y me carcajeo.

Todos con cara de ‘“y ahora qué le pasa a esta vieja?”.

Nos subimos al carro otra vez en busca de un desayuno de verdad, y al poco tiempo, ya estábamos otra vez subiendo un cerro más para llegar a la cima y poder llevarnos el recuerdo completo del lugar.

Mayra y Rebe tomando retratos increíbles; Manu y Arturo sacando el drone para grabar hasta dónde llegamos (que sí fue increíble); yo trepada en una piedra a nada del barranco; y Omar ayudándome a sacar LA FOTO (la de la derecha).

@manumanuti/@fercaballero

Sobra decir que para las 7 de la tarde estábamos todos lo que le sigue a exhaustos. Compramos unas cervezas, regresamos a la cabaña para preparar la cena y empacar.

@mayracarreno

Y sí, ayer caí como costal en la cama sin sentir nada, ni los ronquidos de Manu. Dormí con una gran sonrisa en la cara, sabiendo que tengo una nueva familia a la que le gusta ir y venir para poder llenarse la vida de días como este.

By Manu Espinosa

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