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Día 12. Un lunes legendario

Mayo 3, 2017

– Los sueños sí se cumplen. Suspiró Rebecca, sentada en medio de una carretera desolada.

– Ya me puedo morir en paz.

12 horas antes.

Alarma a las 6.30 am. El cuerpo es frágil pero el alma inquebrantable. Me puse todo el gear de Saucony – los tenis viajeros, los pantalones ajustados para el frío, un térmico abajo y una playera- me instalé la pechera y la GoPro y me salí a correr por la carretera 89 de Glendale a unos casi gélidos 2ºC.

Cuando regresé a la cabaña del Airbnb, ya todos estaban listos; subimos las maletas a la van y partimos, con solo un café y algo de cereal en el estómago.

Desde que supimos el itinerario de ese día, lo llamamos “un lunes legendario” porque además de los numerosos lugares que tendríamos que visitar, hoy se cumpliría el sueño de muchos.

La primera parada la hicimos en Lone Rock Beach.

Había una caseta para pagar la entrada a la zona de camping de la playa, pero había que pagar $25 usd.

– Pero solo queremos una foto y ya.

Y envalentonados, nos pasamos el control de seguridad sin pagar, con una pequeña dosis de adrenalina por retar al sistema (somos tan ridículos jajaja).

Ese monolito naufragado en medio del Lake Powell, es un guardián de piedra que se refleja en las aguas diáfanas del lago. Andrea Bocelli se escuchaba a lo lejos, proveniente de un camper cercano, y todo era paz y tranquilidad.

@imjustafox

@manumanuti/@imjustafox

Dejamos Utah y entramos en el Estado de Arizona.

– Estos parajes me recuerdan a donde Walter White y Jesse Pinkman cocinaban la Meth. Comentó Omar.

Ya en Page, nos dirigimos a la oficina de tours, para contratar el recorrido guiado en Antelope Canyon.

– Por hoy tenemos todo agotado, pero pueden ir a preguntar al Visitor Center. Nos dijo una señora, mientras le daba un sorbo tronado a su Coca Cola.

Ya en el Visitor Center, nos platicaron de cómo está conformado el Antelope Canyon:  los más turísticos Upper Antelope Canyon” o “The Crack”, y el “Antelope Canyon” or “The Corkscrew”, con tours normales y tours para fotógrafos (por cierto, lo ideal es reservarlos en línea pero ninguna de nuestras tarjetas pasó #epicfail).

– Si son fotógrafos por qué no prueban el Antelope Canyon X -nos dijo una amable mujer, que no sé por qué la recuerdo hablando en español si hablaba inglés- Es relativamente nuevo y muy probablemente estén ustedes solos con su guía.

– ¿En dónde pago?

Fueron $68 cada uno por una visita de tres horas (más largo y más barato que en las otras dos zonas del Antelope) que no dudamos en pagar.

Tomamos la Highway 89 y nos dirigimos a uno de los puntos más turísticos de Arizona: Horseshoe Bend.

Al bajarnos del auto, un torbellino de arena y polvo casi secuestra a Mayra, y pudimos sentir inmediatamente el calor infernal tan característico de aquellos lares.

– Ni en el Patrick Miller en viernes hace tanto calor. Dijo Omar.

– Ni en los jueves de la Puri. Me subí al tren del mame jajaja.

– Tengo la boca tan seca como si hubiera fumado marihuana y luego masticado un mazapán. Concluyó Arturo.

Para llegar al mirador panorámico caminamos alrededor de 3/4 de milla, y el lugar parecía una muestra representativa de la población mundial, con una significativa mayoría de asiáticos: chinos y “japos”, latinos, y muchos franceses refunfuñando cosas muy guturales incomprensibles, pero que suenan súper sexies como “c’est très beau”.

La visión periférica del río Colorado desde lo alto es espectacular. Las personas juegan a pararse o sentarse en los bordes rocosos para tomarse fotos impresionantes. Estuvimos ahí solo 20 minutos porque era un día de muchas cosas que ver y por lo tanto de intensa premura, pero esos 20 minutos se dilataron en casi una eternidad, con mis pies volando en un vacío, aterradoramente hermoso.

@mayracarreno

@manumanuti

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Subimos a la van y nos detuvimos a comer en el primer fast food que encontramos; todos McDonald’s excepto Omar que fue por su quesadilla insípida de plástico al Taco Bell.

– Extrañaba el sabor de México. Intervino sarcásticamente.

Mientras comíamos, nos pudimos conectar al wifi – todo el día en el Estado de Arizona, por alguna razón desconocida, nos quedamos sin señal – y es cuando nos dimos cuenta que habíamos atravesado un huso horario y nos encontrábamos en un paralelo diferente: habíamos ganado una hora.

Desviación en la ruta 98 hasta el Antelope Canyon X, por Taadidiin Tours. Nos recibió Anne, una mujer Navajo, que además, es la propietaria legítima de esas tierras.

Cambiamos de vehículo por un 4X4 y descendimos por una terracería que al pasar levantaba espesas nubes de humo rojizo.

– No le llego a los pedales. Nos dijo Anne, riendo, mientras empujaba el acelerador con la punta estirada de sus dedos. Me pueden decir Ana.

Al llegar al inicio del recorrido, nos recibió Robert, el esposo de Anne (perdón Ana) con una sonrisa menguante de luna y un par de dientes faltantes que le daban aires de un carisma absoluto. Entre ellos comenzó un diálogo en su dialecto nativo, y era como escuchar élfico del señor de los anillos; no comprendía nada, pero era tan bello escucharlo, como el sonido del viento, o como el canto de un águila, o el golpeteo de la lluvia sobre la tierra; como un diálogo entre los dioses de la naturaleza.

Bajamos hasta el primer estrecho, y fue conmovedor ver por primera vez, en persona, esas texturas, colores y luces sobre la piedra; recorrer  paredes, acariciándolas con las manos en un romance perpetuo. El lugar es medianamente oscuro, con entradas fugaces de luz, es tan frío y cálido al mismo tiempo, como estar en el interior de un animal mitológico, en las entrañas rojas de la madre tierra.

@manumanuti

Salimos del primer estrecho y caminamos por un sendero, rodeado de altas paredes pétreas.

– Por aquí pasan corrientes de agua que superan los metros de altura; ven esa piedra de allá arriba, hasta allá llegan las corrientes.

El fenómeno de estas corrientes pasajeras se llama “flash floods”, y es una inundación dinámica, donde no se acumula el agua en un lugar, sino que solo pasa llevándoselo todo. De hecho, el nombre navajo del Antelope Canyon es “Tsé bighánílíní”, que significa “el lugar donde el agua corre entre las rocas”.

Entramos al segundo estrecho, a esa cueva de maravillas; caminábamos todos, estupefactos, con la cámara entre las manos y tomamos tantas fotos hasta cansarnos. Llegamos al límite del recorrido, después de 40 minutos y fue cuando entendimos que el tour es corto en distancia, pero eso nos daba oportunidad de disfrutar tranquilamente, en soledad por las siguientes dos horas. Solo había una pareja más de turistas que se fueron casi inmediatamente.

@fercaballero/@mayracarreno

@rebecoisse/@manumanuti

Arturo y Mayra emprendieron el camino de regreso con Robert, mientras que Fer Caballero, nos reclutaba al resto para tomarle fotos y video.

– A ver Omar, tú tómame una foto desde ahí, a un costado, tú Rebe desde enfrente una story, y tú Manu con la GoPro, una ráfaga de fotos. Nos ordenaba Fer como un implacable director de cine.

– Ay ya, no mames Fernanda, parecemos tu equipo de producción, ¿dónde están las luces? ¡maquillaje! ¿No quieres que Arturo te grabe con el drone también? jajaja.

La idea era que Fer saltara intrépidamente de una roca como la más sagaz de las exploradoras, y terminó saltando como la más dócil de las bailarinas de ballet.

No podíamos salir de ese lugar, era hipnótico, fascinante, conmovedor.

Nos fuimos a encontrar a Arturo y a Mayra escuchando a Robert hablar sobre la cultura navajo.

Arturo:

“Debo confesar que en un principio no le di mucho crédito a Robert. De rostro indudablemente Navajo, con manos enormes y ásperas de años de trabajo, un tanto disperso y con un lenguaje corporal casi infantil, parecía un buen tipo, pero jamás imaginé que terminaría siendo él quien le diera el verdadero significado a mi experiencia en Antelope Canyon.

No llevábamos ni dos minutos del recorrido cuando nos dimos cuenta de su entusiasmo por la fotografía. A todos nos decía en dónde pararnos y hasta en qué posición ponernos. Conocía muy bien cada rincón del recorrido y nos esperaba pacientemente mientras documentábamos todo. Incluso sabía en donde pararse para evitar aparecer infraganti en una de las fotos.

Nos dio todos los datos medianamente científicos que tenía respecto al lugar, hablamos de la temperatura, de las inundaciones repentinas, de la distribución del cañón y de los esfuerzos por convertirlo en destino turístico.

Ya en el camino de vuelta, mientras la mayoría se tomaba su tiempo para disfrutar el lugar, Mayra y yo nos sentamos a platicar con Robert. Poco a poco parecía una persona más elocuente, con opiniones claras y muy interesantes, en especial respecto a la comunidad Navajo.

Dijo que le preocupaba que las nuevas generaciones perdieran de vista sus raíces y ya ni siquiera le enseñaran su lengua a sus hijos. Que le frustraba la poca atención que los jefes de las distintas tribus daban a los problemas reales, y cómo todo se tornaba en un círculo vicioso que los convertía en gente muy conformista.

Pero también nos habló de la relación que tienen con la tierra. De cómo todo está conectado a través de los elementos y cómo cada cosa y cada ser tiene su propio significado y su lugar en el mundo. Mencionó que los Navajo tienen canciones para muchas cosas, e incluso nos cantó una que se canta a los caballos, animales sagrados para ellos.

Al final estábamos todos sentados alrededor de Robert, escuchando atentamente cada cosa que decía y claramente conmovidos con el personaje que nuestro guía de Antelope Canyon resultó ser.

De vuelta a la van, retomamos la carretera. Arturo manejó por cerca dos horas, en donde solo nos detuvimos un par de veces, la primera fue en una gasolinera muy viejita y abandonada en medio de la nada, donde conocimos a un perro súper tierno que ya nos lo queríamos llevar; la segunda parada fue a comprar café y algo de comer.

@rood_omar

@rebecoisse/@mayracarreno

Lo que pasó a continuación, nos cambió la vida para siempre. Apenas atravesamos el letrero de “Welcome to Utah” reconocimos el tan esperado lugar: Monument Valley y en la radio comenzó a escucharse “A horse with no name” de America. Las referencias cinematográficas nos abrumaron la mente y todas las fotos de Instagram y las imágenes de ese lugar nos explotaron en la cabeza. Era casi delirante.

@rood_omar/@fercaballero

Llegamos al mirador principal, y no nos importó la multitud de asiáticos en éxtasis.

@manumanuti

– Ya Omar, súbete a la roca, ignora al ejército samurai.

Rebe y Fer, se pusieron a andar en patineta, mientras los demás tomábamos, mitad de fotos a las montañas sagradas y mitad de fotos a ellas. Omar continuaba a mostrarnos una foto de una carretera con esas mismas montañas, pero vistas a nuestras espaldas, pero con frustración, no sabíamos como llegar a ese lugar.

@mayracarreno

@imjustafox/@rood_omar

Casi rendidos, continuamos con nuestro camino, hasta que la carretera comenzó a concretar nuestro sueño, para ser más concreto el sueño de Rebe. Al llegar al tope de una subida, por el espejo retrovisor visualizamos el cuadro que habíamos estado buscando. Arturo se detuvo de golpe al lado de la carretera y todos bajamos.

Omar puso su tripié en medio de la carretera, y Rebe se tiró al piso a contemplar esas montañas apagándose en el horizonte.

“Los sueños sí se cumplen”. Suspiró Rebecca, sentada en medio de una carretera desolada. “Ya me puedo morir en paz”.

Fernanda por supuesto se puso a bailar al ritmo de The Promise, de When in Rome, y cuando todos nos sentimos plenos, desorientados, con una sobredosis de bienestar, partimos rumbo a Moab, donde pasaríamos la noche.

En el cielo se veían estelas de luz, no sabíamos si eran aviones de la fuerza aérea, o estrellas fugaces o una lluvia de meteoritos. ¿Qué importaba? Al final, fue, justamente, un lunes legendario. Hoy cumplimos los sueños de muchos. Hoy la futilidad de la vida, se tornó eternidad. Hoy, nos volvimos inmortales.

By Manu Espinosa

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