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Dia 14. Los arcos sin triunfo

Mayo 10, 2017

Por @rood_omar

Tras las chelas del día anterior en el jacuzzi todos hubieran apostado que sería el último en levantarme, pero la rutina godín que he tenido por los últimos cuatro años, le han dejado a mi cuerpo una triste costumbre de levantarse antes de las 8 am.

Abrí los ojos sin necesidad de alarma, subí foto, recorrí un rato mi Instagram feed y me puse mi outfit para correr. Manu ya estaba listo, en Saucony de pies a cabeza, como esos empleados de tienda que ya ni se fijan que usan pero van uniformados con la marca que representan. 

@manumanuti

Acordamos correr 10km, Manu tenía la Wings For Life regresando a Guadalajara, en la cual planea hacer un medio maratón,  y yo una semana después corro el Split 12k de Adidas.

– ¿Vamos hacia el pueblo y a ver hasta dónde llegamos?

– Mejor vayámonos hacia atrás, llegamos más rápido a las montañas. Le respondí a Manu mientras veía la imagen satelital del peculiar pueblo en mi celular.

Salimos del club de golf donde se encuentra el asombroso Airbnb en el que estamos momentáneamente viviendo, y seguimos corriendo mientras la pendiente del terreno incrementaba. 

– ¡Ay ya! Esto ya es un trail tan espantoso como esos que organiza Adidas. Se quejaba Manu mientras subíamos a un ritmo lento.

– Esta subida me recuerda a la espantosa subida de Chivatito enfrente de Los Pinos.

Llegamos al punto en el que las montañas nos quedaban de frente y solo veíamos los techos de las pequeñas casitas de Moab. Decidimos bajar por que la carretera se había acabado y empezaba un trail, el cual no pensábamos correr por qué todavía nos quedaba una tarde llena de hiking. 

Lo mejor de la carrera mañanera apenas empezaba, la enorme bajada con el frío viento de Moab golpeando nuestro pecho.

Las bajadas son el orgasmo de los corredores, ¿a poco no?

El resto del entrenamiento nos la pasamos platicando, recordando viejas carreras. Como dos viejos lentos jubilados que recuerdan sus tiempos de oro mientras se ejercitan.

– Hace 3 años terminé el 12k en cincuenta y tantos minutos. Hice un ritmo de 4:30. Le dije con mi voz agitada.

– Yo recuerdo el medio de Veracruz, en 1hora 38min. Estaba imparable. 

Terminados los 10km y tras una parada para recrear la memorable escena de Forrest Gump cuando se le rompen los fierros de las piernas y se vuelve un increíble atleta, regresamos a la casa. 

Fer ya había preparado el café, y estaba en la sala quejándose de nuestro olor a sudor. Llené un vaso con agua y salí a estirar al patio trasero, a Manu le importó poco la queja de Fer y se puso a trabajar en el comedor. 

En cosa de una hora ya todos estábamos bañados y editando fotos, tratando de hacer un poco de tiempo hasta las 12, que Arturo nos llevaría a conocer las mejores hamburguesas de Moab.  

Milt’s Stop & Eat, un pequeño lugar, con patio trasero donde pedías tu hamburguesa y te ibas a sentar en lo que esperabas que te llamaran por tu nombre. Yo pedí una “Bufallo Blue Moon” una hamburguesa de 8oz con carne de búfalo, tocino, queso azul y hand-cut fries para acompañar. Deliciosa. 

@mayracarreno

– En este lugar no dejo de sentirme en San Junipero de Black Mirror. Dije mientras veía una familia llegar en dos Jeeps rojos sin capote. De verdad solo faltaba que en su carro vinieran escuchando “Heaven is a place on earth”.

– Aquí todas con camionetas 4×4 y yo tan Ford Fiesta. 

Tras ser víctimas unos minutos del ya tan frecuente y por todos conocido, mal del puerco, Arturo nos recomendó las malteadas del lugar. Él pidió sabor Reese’s tamaño grande, Manu y yo nos vimos más experimentales y pedimos de durazno y naranja respectivamente. Mayra optó por chocolate y Fer la clásica de vainilla. Rebe,  manteniendo la figura solo pidió “probaditas” de todas las nuestras. 

Saliendo de ahí pasamos a una thrift store que estaba a tan solo unas cuantas cuadras de distancia.

– Yo los espero en el coche, refunfuñó Manu, mientras abría su laptop. 

A diferencia de los demás y para sorpresa de todos, esta vez Rebe no encontró nada que le gustara. Yo salí con dos camisas floreadas por 10 dolares, con vivos en naranja y amarillos, al puro estilo de Ace Ventura o de algún turista hawaiano que por algún extraño motivo, terminó donando su ropa en Moab.

Después del shopping matutino, y cuando el sol ya había bajado un poco nos dirigimos hacia Arches National Park. Íbamos con la idea de quedarnos hasta la noche y aprovechar para tomar unas fotos nocturnas, pero para nuestra sorpresa, solo se puede quedar más tarde los fines de semana. Además,  debido al mantenimiento que se le está dando a la carretera, todos los asistentes tenían que abandonar el parque a las 7pm sin excepción alguna. Lo que significaba que no solo no veríamos el cielo estrellado en la noche, si no que tampoco podríamos despedir al sol, abrazados y con lágrimas en los ojos como ya casi era una costumbre entre nosotros.

Decidimos sacarle el mayor provecho al tiempo que nos restaba y dividimos el parque en 4 paradas. La primera fue casi al principio del parque, estábamos anonadados por varias formaciones rocosas que se elevaban cual castillos medievales, con altos muros de piedra rojiza. Aprovechamos para tomar unas cuantas fotos y partimos hacia nuestra siguiente parada.

@mayracarreno/@rebecoisse

– Ya vieron todas esas piedras, son como penes estúpidamente gigantes.

Llegamos al siguiente estacionamiento, en el cual podías visitar las North y South Windows y Turret Arch. Una colosal formación rocosa de arenisca color salmón y un ejército de asiáticos con cámaras nos recibieron tras haber caminado unos diez minutos. Los arcos son impactantes a la distancia, pero una vez que estás debajo de uno, te das cuenta de la colosal escala que tienen; cualquier persona es una diminuta pulga frente a esas piezas de arte que el agua y el viento han moldeado a lo largo de los años.

@rood_omar

@rebecoisse/@mayracarreno

Tras una exhausta sesión de fotos nos movimos al tercer punto por ver. El Double Arch, una casi cueva formada por la intersección de dos arcos que dan paso a un altísimo atrio el cual es muy facil de escalar, motivo por el cual había demasiados turistas brincando de un lado a otro.

@manumanuti

@rood_omar/@rebecoisse

Estuvimos una media hora y corrimos al último punto que queríamos ver, el más famoso arco en toda Utah, ese que aparece en las postales y llaveros, el que está en las placas de todos los vehículos, El Delicate Arch.

Sin embargo, el trail hasta este arco es de 4 kilómetros y no había forma alguna que nosotros lo lográramos en los 40minutos que nos restaban de día -quizá Manu y yo sí, en “running mode”.  Así que nos fuimos del parque, cabeza agachada pero con la idea de que podríamos volver al día siguiente a eso de las 7 de la mañana, lo cual nunca pasó.

Regresamos a la comodidad de nuestro Airbnb; Arturo y Mayra hicieron de cenar y así fue como pasamos nuestra última noche en Moab, uno de los pueblitos mas bonitos que hemos visitado.

By Omar Munoz

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