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Día 15. La sal de la tierra

Mayo 13, 2017

Por @imjustafox

Volver a Moab fue sin duda una de las cosas que más esperaba de este viaje. En el 2015 pasé mi cumpleaños ahí, y desde entonces lo tenía en la memoria como algo muy especial. Por eso fue particularmente difícil dejar el pueblo esa mañana.

Después de empacar casi de manera automática, nos despedimos de uno de los @airbnb más populares entre los miembros del grupo, y fuimos por desayuno. Desayuno de gordos, para variar.

Creo que todos estamos de acuerdo que en Moab fue donde mejor comimos, ya que después de aquel lugar medio hippie con terrible logo y las hamburguesas de Milt’s, elegimos un excelente diner como última experiencia gastronómica del lugar.

– Esta vez no quiero algo tan gordo.

– ¿Con tocino sus huevos?

– Si, por favor.

Salimos casi rodando del diner, como salíamos de todas partes, y con el estómago lleno partimos hacia el norte del estado. No pude evitar poner Gibraltar, de Beirut. Canción que descubrí dos años antes y permaneció como un recuerdo de Moab.

Más adelante la cosa se puso noventera, e incluso medio emo. Todos confesamos sabernos letras de canciones de Avril Lavigne, Simple Plan, Blink 182, y algunos éxitos del pop del estilo de Natalie Imbruglia, Nelly Furtado y cosas así.

Casi seis pesadas horas de carretera y de carrera contra el tiempo. Mi intención era llegar a ver el atardecer a un lugar que parece inspirado en un planeta lejano, de rasgos completamente extraterrestres.

– ¿Podemos parar? Quiero hacer pipí.

– Okay, pero solo te bajas tú.

– Todos queremos hacer pipí.

– Son las 4:15, me voy a las 4:30 con o sin ustedes.

Poco a poco el paisaje se fue transformando en un blanco desierto que se extendía varias millas alrededor de nosotros en todas direcciones. Sal.

@manumanuti

Estábamos cruzando el corazón del salar junto al gran lago en las afueras de Salt Lake City, para llegar a la Bonneville Speedway, lugar conocido por las pruebas de velocidad de aquellos coches que tenían turbinas como de avión.

Una pequeña desviación a la derecha para salir de la Interstate 80, y luego una recta, una recta que se extiende varias millas hacia el corazón del inmenso valle salado, para terminar dramáticamente al borde de una placa con un breve texto sobre el lugar.

– Hay mucha agua, vamos a tener que entrar descalzos.

– Va.

– Espera… 

En modo Fakir, comenzamos a adentrarnos en la inmensidad del lugar, con los pies cubiertos de lodo y sal, dando solo los pasos necesarios para tomar una foto o posar en la de alguien.

@mayracarreno

@rebecoisse

@rebecoisse/@manumanuti

Entre retratos y paisajes despedimos al sol una vez más todos juntos, con los pies heridos pero  todos muy contentos.

@manumanuti/@rebecoisse

@mayracarreno

– Me estoy cagando de hambre.

– Por favor enjuáguense los pies antes de entrar a la camioneta.

Paramos a hacer check in en un motel del lugar, para después ir a buscar en dónde cenar. No había nada mas que el restaurante de un Casino.

A lo largo del viaje nos fuimos asignando personajes cliché del mundo Redneck. Eramos Dixie, la chica sexy de la escuela, Randy, el experto en computadoras, Peggy Sue, la niña bien, Billy Bob, el troublemaker codiciado, Sierra, la inalcanzable y precoz, y finalmente Donnie, el primo de Randy que padece un ligero retraso mental, pero vive eternamente enamorado de Dixie.

Entre carcajadas y una cena muy mediocre, le dimos vida a estos personajes con situaciones típicas del género Teenage del cine estadounidense, hasta que fue hora de pedir la cuenta, manejar de vuelta al hotel y finalmente descansar.

By Manu Espinosa

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