Blog post

Día 16. El inevitable final del reino

Mayo 15, 2017

Alarma a las 5 am (aunque me desperté 10 minutos antes). Estuve a punto de renunciar, pero una voz interna me decía “valdrá la pena”, y otra voz, externa, la de Arturo, insistía que no podíamos perdérnoslo:

– Tenemos que ver el amanecer en los Salt Flats.

Logramos salir casi todos a las 5.30 am, menos Fer que estaba muy cansada y se había lastimado seriamente los pies con los cristales salinos.

Cuando llegamos a través de esa carretera finita, nos estacionamos en el mismo lugar del día anterior. Todavía estaba algo obscuro pero el sol comenzaba a despertar los colores de la bóveda celeste poco a poco, con una luz prematura y tímida detrás de las montañas de Utah.

(Esta vez nos dejamos los zapatos puestos)

@manumanuti

Nos dividimos en dos grupos; Mayra y Arturo se fueron hacia un extremo a volar a Karma de GoPro; Omar y Rebe  hacia el otro extremo, a tomarse retratos a contraluz; y yo simplemente me detuve en medio de ese lago salado, meditativo y nostálgico, contemplando con lágrimas en los ojos, al cielo haciendo el amor con la tierra. Al mismo tiempo, escuchaba la gran sinfonía de la naturaleza, como dentro de una película de Terrence Malick.

@manumanuti

@mayracarreno

Después puse en Spotify una canción de Andrea Bocelli que traía en mi cabeza, reproduciéndose una y otra vez: “Per amore”. La canté a todo pulmón, pero nadie me escuchó (afortunadamente)

Per amore,
hai mai fatto niente
solo per amore,
hai sfidato il vento e urlato mai (…)

Per amore,
hai mai corso senza fiato
per amore,
perso e ricominciato? (…)

Al final nos reunimos todos en la parte sólida del falso glaciar, y después de tomar un par de fotos más, nos dimos cuenta de que este era el fin de nuestro viaje; sí faltaba el regreso a las Vegas, pero eso era más un trámite que parte esencial de nuestro road trip. Esta era la auténtica despedida, era el tiempo justo para decir adiós, pero nadie quiso admitirlo, y tragándonos las palabras, lo único que hicimos fue disfrutar del último momento, como si fuese el primero.

@manumanuti

– Pinche Fer, ¿Por qué no está aquí?

Regresamos al Motel, y nos volvimos a dormir (en la regadera fue como en el salar, ninguno se quiso quitar los zapatos jajaja).

Horas después empacamos, fuimos por un café al Starbucks del casino y un desayuno en el drive through de McDonalds,

– Me da 6 McMuffins y 6 jugos de naranja, por favor.

Partimos rumbo a Las Vegas por la US-93 N.

– Van a ser entre 5 y 6 horas. Advirtió Arturo.

Yo me fui de copiloto, trabajando todo el camino, mientras los demás escuchaban música o se dormían por intervalos.

– La verdad es que te queremos dar las gracias Arturo, por toda la planeación y por haber siempre manejado, sabemos que es muy cansado.

– A mí me gusta manejar en carretera, hasta me emociona.

Evidentemente hicimos varias paradas para ir al baño; creo que tomamos mucho café y agua, eso aunado a nuestra evidente incontinencia urinaria.

En las afueras de Las Vegas, nos detuvimos a comprar una maleta para Rebe -que le había explotado al inicio del viaje- y desde ese entonces la cerrábamos y amarrábamos con unas cuerdas elásticas. La “shopaholic” de Fer no desaprovechó el momento para comprarse un vestido hindú.

– ¿Cuál está mejor el verde, el naranja o el azul?

Llegamos a nuestro último Airbnb, a pocos metros del popular Strip de las Vegas y detrás del Hotel Hooters, donde había una pool party de octagenarios bailando al borde de la alberca al ritmo de Elvis Crespo.

En lo que el resto tomaba una siesta o se bañaba, Arturo y yo fuimos a devolver la camioneta, después de 16 días y más de 5 mil kilómetros recorridos.

Le dimos una rápida desempolvada por dentro – creo que podríamos haber construido un séptimo pasajero, con toda la basura, migajas y tierra que encontramos. Ese día me di cuenta que nunca bautizamos a nuestra Van,

– ¿Qué marca es? Me preguntó Fer.

– Es una Dodge. Le respondí.

– Pongámosle “Duquesa” (duchess).

Entregamos a Duquesa sin ningún problema; la verdad es que AVR es una excelente agencia de renta de autos, no hicieron ninguna pregunta irrelevante y le dieron una rapidísima revisión de daños.

– Everything is fine. You’re free to go.

Volvimos al Airbnb en Uber, y los 6 decidimos caminar hasta uno de los restaurantes del Tropicana, donde nos dijeron que no era tan caro como en el resto de los exclusivos “comederos” de esta zona.

– No tenemos la botella de vino que pidió señor, pero tenemos esta.

– ¿Cuánto cuesta?

– 50 dólares (la que yo había pedido costaba la mitad).

Le dije que no, obviamente, y “milagrosamente” encontró una de las de 25 dólares. Cenamos sin escatimar, era también nuestra última cena del viaje. Hicimos un breve análisis de lo vivido, pero a un cierto punto nos detuvimos para evitar colapsos nerviosos, o nostalgias innecesarias.

Al terminar, Fer y Arturo decidieron regresarse al Airbnb, mientras que el resto nos fuimos a caminar por el iluminado Strip de Las Vegas. Nos metimos a The Cosmopolitan a probar suerte en las slot machines, y todos perdimos como 5 dólares en menos de un minuto.

La idea era que alguien nos iba a estar sirviendo tragos gratis mientras jugábamos, pero nadie nunca llegó, así que nos acercamos a la barra por algo de tomar.

– Dos whiskeys en las rocas, y dos cocktails de matcha. Ordenó Omar.

– 64 dólares. Si hubiese tenido mi bebida en la boca seguro se lo escupía en la cara de la impresión.

Ya en modalidad James Bond de Casino Royal, Omar me hizo una propuesta poco decorosa.

– Hay que apostar en la ruleta, ¿pones la mitad?

– Vale, pues.

Después de dos juegos, habíamos convertido 25 dólares en 75, luego lo volvimos a apostar y lo perdimos todo jajaja. Solo nos quedó nuestra inversión inicial.

– Vámonos mejor al centro. Les dije.

El bar Atomic Liquors se encuentra en el número 917 de Fremont Street. Fue el primer establecimiento de Las Vegas con licencia para vender alcohol y tiene una historia explosiva -literalmente-

– People used to go up on the roof of the building and watch nuclear bombs explode while they drank. Nos dijo un señor en la barra mientras pedíamos la cerveza de la casa, por tan solo 3 dólares.

@mayracarreno

Nos sentamos en las mesas de afuera, y a Omar se le ocurrió pedir unas Jagger Bombs para amenizar más el momento,

– Yo ya no tengo edad para esto. Les dije, mientras que, simultáneamente, me empinaba el shot sumergido en el vaso grande.

Después caminamos por Fremont Street hasta llegar  a la Fremont Street Experience, una monumental bóveda de 4 cuadras de entretenimiento.

– Vamos a tatuarnos. Y emprendimos la búsqueda de una tattoo shop que por fortuna estaba cerrada.

Entramos a otro casino, pero solo a los baños y estuvimos rondando el lugar hasta que a Rebe, Mayra y a mí comenzó a pesarnos el cansancio y el alcohol acumulados. Eran las 4 de la mañana.

– Si quieren ya pidamos el Uber. Sugirió Omar, con pesar.

En el camino, Omar le preguntó al chofer si conocía algún strip club y que si nos podían hacer descuento, pero ante el desencanto de vernos casi inconscientes por el sueño, tuvo que abortar la exploración del “pelódromo”.

– Aguafiestas.

– Perdón Omar. Vociferamos los tres al unísono.

Al día siguiente Arturo, Fer y yo salíamos en el primer vuelo de Aeroméxico; y Omar, Mayra y Rebe en el segundo. El check-in fue rápido, el control de seguridad también -ya no nos pidieron sacar equipos electrónicos de las mochilas ni nada- y el abordaje justo a tiempo,

– Justin in time. Justin Timberlake.

Durante el vuelo platicamos un rato y tras un par de minutos los tres nos dejamos abrazar por un sueño profundo. Yo solo desperté a comerme el lunch para luego perder el conocimiento casi inmediatamente.

@mayracarreno

Después de aterrizar en la terminal 2 de la Ciudad de México, nos dimos cuenta que tampoco hubo control aduanal -algo había cambiado en las leyes aeroportuarias y de migración recientemente (para bien).

En fin, tras despedirme de Arturo y de Fer, me dispuse a cambiar de terminal para volar a Guadalajara,

– No sirve el transfer entre las dos terminales joven, tiene que agarrar un autobús, pero tarda mucho.

Aún no llevaba ni media hora en casa, cuando ya empezaban las calamidades. Los otros tres llegaron esa misma noche, también por Aeroméxico, y estoy seguro que pronto, escribirán sus impresiones del viaje, al igual que nosotros. Espérenlas.

By Manu Espinosa

Previous Post

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *